Ocho Cartas Para Julio

Por: Juan Cruz Guido Sería difícil encasillar la obra Ocho Cartas para Julio que Juan Palomino está protagonizando todos los martes e...


Por: Juan Cruz Guido

Sería difícil encasillar la obra Ocho Cartas para Julio que Juan Palomino está protagonizando todos los martes en Hasta Trilce bajo la dirección de Daniel Berbedés, ya que pocas veces se ve sobre escena una combinación tan precisa de teatro, música y la poesía propia de la literatura. A través de la construcción de un personaje llamado Lito Basavilvaso –que aparece mencionado en un cuento de Cortazar- se desarrolla un intercambio epistolar entre este excompañero de la escuela normal Mariano Acosta y un, para el momento de la primer carta, joven Cortázar que ha comenzado a ejercer la docencia en Chivilcoy pero añora viajar a Europa en busca de consagrarse como escritor. Es a partir de esta concepción del escritor, tan común en un sector de la intelectualidad de comienzos del siglo XX, que la obra plantea el conflicto. Por un lado una intelectualidad que, en palabras del propio Lito, añoraba el siglo XIX y sus mítines con banquetes oligárquicos y, por el otro, una cultura que aboga por la defensa del campo popular, por ser “historia viva de su pueblo”.

Las cartas comienzan con los debates sobre Yrigoyen y la farsa que representaba la infamia gobernante. Ahí ya se vislumbra un nuevo espacio que justamente viene a cuestionar esta lógica y proponer un quiebre. Scalabrini, Jauretche y Manzi son nombres propios de este naciente bastión de resistencia comprometida y necesariamente popular.

Luego, el advenimiento del peronismo compromete de lleno a este profesor de una escuelita de Mataderos que intenta paralelamente la labor periodística y la escritura. El peronismo termina de definir el campo popular para siempre y entonces la intelectualidad no puede mantenerse al margen. Hay que jugársela por un lado, la elección es obligatoria e inevitable. Lito le reclama compromiso a Cortázar, que abandone su desdén hacia los movimientos nacionalistas -denominandos con desprecio populistas-, y que empiece a abrazar una patria.

Las cartas van trasmitiendo los sentimientos pero es en el matiz que la música de Juan Raffo –en un hermoso piano de cola- y Fernando Lerman –desde un variado grupo de vientos- genera en el ambiente que la puesta va tomando un lugar intimista, similiar a ese éxtasis que se presenta en El Perseguidor donde la pérdida de la percepción del tiempo es total. La música y la palabra vuelven a ser una. Las notas nos transportan del penetrante compás del tango rioplatense al frenesí propio del jazz, cruzamos el océano para recalar en las calles parisinas, en el mismo cuarto donde Johnny Carter dejaba transcurrir la existencia.

Será justamente en Las armas secretas, esa antología que contenía El Perseguidor, donde Cortazar consiga el respeto y la admiración de un Lito Basavilbaso ya profundamente conmovido por la caída del peronismo pero encontrando un consuelo –el consuelo- en la Revolución Cubana. En ese hombre que era un guiño burlón a un país que se empecinaba en querer borrar las experiencias colectivas del imaginario popular.

Es a partir de ahí donde uno comprende el objetivo de la obra, que no se trata de idealizar ni despreciar a Cortázar, sino que todo lo contrario. La puesta se propone hacerlo entrar en contradicción, en la contradicción propia del intelectual, la inevitable toma de conciencia, e ilustrar al escritor que se comprometió. Un Cortazar que estando en Europa observó, al igual que tantos otros europeos, que el hombre nuevo, el hombre capaz de cuestionar la lógica capitalista - y, por ende, imperialista - era ese que se levantaba en América - y para el mundo - en busca de su liberación.

Cuando hablamos entonces de un teatro comprometido nos referimos a piezas como estas, donde la actualidad de las palabras se vuelven referencia pero también simple ladrillo para la construcción de una cultura que este en el lugar del que nunca debe irse, junto al pueblo.

"(...) cuando me fui yo no estaba muy vinculado y es verdad en alguna medida; yo me creo un argentino y he tenido siempre con la Argentina una relación de tipo amoroso, esa clase de vínculo con una mujer con la cual se tienen relaciones difíciles, profundamente amorosas, pero difíciles, continuos choque, continuas repulsas. Y cuando digo la Argentina, quizá tenga que decir América Latina, y Cuba también: en mi temperamento hay un montón de cosas que se adecuan mejor con lo europeo que con lo latinoamericano. Y me complace decirlo porque no decirlo sería una cobardía; es la verdad. Me importa un bledo que a partir de aquí vuelvan a acusarme de europeo disfrazado de latinoamericano."

Julio Cortázar entrevistado por Paco Urondo
Revista Panorama, 1970

Ficha Técnica

Dramaturgia: Gabriel Lerman
Actúan: Juan Palomino
Músicos: Fernando Lerman, Juan "Pollo" Raffo
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Dirección: Daniel Berbedés

TEATRO HASTA TRILCE
Maza 177, Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4862-1758

Web: http://www.hastatrilce.com.ar
Entrada: $ 150,00 - Martes - 21:00 hs - Hasta el 26/07/2016 

Relacionado

Todo 6280449914002848361

Publicar un comentario

emo-but-icon

Seguinos

Lo más visto

Visitá También

.

Text Widget

Connect Us

item