¡CULTURA URGENTE en El Quetzal!

Ph: Agustín Frías Silva El sábado pasado, preludio de los feriados de carnaval, Cultura Urgente tuvo su segunda fiesta artístico-cu...


Ph: Agustín Frías Silva

El sábado pasado, preludio de los feriados de carnaval, Cultura Urgente tuvo su segunda fiesta artístico-cultural en El Quetzal. La noche que mezcló exitosamente teatro, música, poesía y exposiciones de artes plásticas, tuvo una cálida respuesta del público, que bebió, se rió y disfrutó de un momento disinto de la mano de una diversa lista de excelente artistas.



Gastón Frías, director de la revista, demostró su potencial actoral asumiendo para la conducción de la noche un personaje que hizo reir hasta el hartazgo en una constante parodia no sólo del papel del presentador sino que problematizando sobre los límites de lo masculino y lo femenino. Otra vez, aunque en este caso intentó pasar desapercibido, Gastón o Catalina -nombre de su personaje- entregaron un excelente trabajo actoral que no sólo, como se mencionó previamente, problematizó y cuestionó, sino que puso el cuerpo llevándolo a los límites más inciertos de la actuación y generando una ruptura constante como motor de su actividad creativa.


La noche siguió de la mano del teatro y de la mano, entonces, del gran Federico Vecchio con Maximiliano Aguirre en guitarras. La presentación giro en torno a un monólogo del mismo actor donde no sólo se percibía su exquisita sensibilidad para con la lírica, sino que eran también los movimientos de un cuerpo que se involucraba en un todo los que conmovían e interpelaban necesariamente a la audiencia. Tarea fina la de Maximiliano "La Ira de Dios" Aguirre en la guitarra musicalizando y potenciando el desconcertante viaje que tenía lugar en el escenario... Temor, dolor y poesía.





Y si con poesía cerré el párrafo anterior, no fue inocente. La poesía se coló con barro y moho en la tranquila noche de Febrero, para romper un vez más la relación público-artista. Los textos que presionaban incasablemente a la reflexión para la acción, al dolor de la contradicción, se amoldaron a la perfección con las guitarras de Pablo Barone, que incluyeron estudios de Tarrega y Brouwer y  tangos de Piazzolla y melodías propias, haciendo del trayecto más ameno, pero no por eso, menos trágico y maldito.


Mientras tanto, infaltable también la presencia del artista plástico, dibujante Nacho Gudiño quien expuso sus comics de Agostina, con gigantografías, stickers, peluches y remeras.

La canción se instaló con Gaspar Bacqué y su repertorio de clásicos, o inclusive algunos lados B, de referentes de la canción y la lírica del rock argentino. Intercalando guitarra criolla con un poderoso sintetizador, la noche se fue tiñendo con otro color que recordaba que era sábado, carnaval y que la cerveza no se podía calentar...




La canción siguió su curso en la voz de Juan Ignacio Visceglie y en compañía de la formación de Los Conjurados, que de la mano de congas y un tembloroso cajón peruano subió la temperatura en el acogedor auditorio del Quetzal.


El cierre, como de costumbre, estuvo a cargo de Pablo Nicolas Nogués y su excelente repertorio que pasa de clásicos del folk a éxitos de la escena alternativa norteamericana de los '90. En compañía de una criolla y su incansable voz, Pablo hizo que la entrada valiera cada uno de sus centavos.


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