Los Incas: diacronía sin aristas

Por: Agustín Decara Fotografía: Muralista Emepece (2013) “Todos nosotros nos damos cuenta de lo que hacemos y nuestra razón se convier...


Por: Agustín Decara
Fotografía: Muralista Emepece (2013)

“Todos nosotros nos damos cuenta de lo que hacemos y nuestra razón se convierte, a propósito, en el monstruo que se imagina ser. Pero ese molde le queda demasiado grande”.
                                                                                          - Don Juan en Relatos de poder



Llego a la casa a eso de las 19hs. Caigo con una Quilmes casi uruguaya que compro en el súper chino, con los últimos veinte pesos que me quedaban en la billetera. Voy a pagar y veo que la chica que está adelante mío mueve el piecito al ritmo de un tema de The Clash. “Es la primera vez que escucho música que no sea pseudo funcional en un supermercado chino” pienso. Una vez entregado el vuelto, ella se planta y lo mira. Lo mira fijo. Como esperando algo más, quizás algún gesto encriptado en la mirada.

Acto seguido, guardo el envase en la mochila y cruzo con toda la vorágine y ruido de la ciudad sonando en la cabeza, descargando pulsiones eléctricas sobre todo mi cuerpo. Naufragando afuera de la pecera del mundo. Que es mi mundo. “Espero encontrar a Axel”, me digo. “Espero que haya porro”, repienso.

El viaje hasta allá había sido estrambótico, y esto no sólo es idea mía. Gonzalo, un joven espectro viviente en el furgón del Mitre, pensaba lo mismo: “a veces siento a la ciudad rara, y no sólo por esas luminarias que están al palo y que te hacen pensar hasta qué punto las ideas de control social y microfísica de que habla Foucault sean ciertas. Va más allá de esa paranoia de porteño característica, esa manía de pensar que todo el tiempo te están por cagar”.

Una vez frente a la puerta del edificio, se acerca a abrirme un pibe de mi edad, no sin cierta reticencia. “Bien podría ser un ladrón. Pero no, tiene cara de buen pibe. Mejor le abro” intuyo aquel interlocutor elucida en un interminable diálogo interno, neurótico, estrepitoso. En fin, el diálogo de los poetas.

A medida que subo atravieso los distintos espacios desde los cuales cada artista parece interpelar al universo desde su propia cosmogonía. Cosmogonía labrada, no constructo teórico: labrada a fuego vivo entre vivencias, recuerdos y retazos de amores rotos, aciertos, yerros y otros soles. Veo la obra de Braulio y me gusta. Sigo subiendo, procurando no desconcentrar a nadie. Una vez en la terraza, encuentro a Moni, Jessica y Manuela que están terminando de colocar su mural sobre la pared. Mientras tanto, Axel y José ordenan el taller. Recubren con lienzos negros los espacios que no van a ser usados para la muestra.

-Ese es el minotauro siendo asesinado por Teseo- me explica Axel media hora más tarde. Atrincherado en su silla parece suspender el tiempo, entre pitada, cavilaciones y humareada. Más temprano le había comentado sobre la idea de escribir algo, una crónica o algo parecido, para dejar registro de esta movida. El silencio de ese lugar me ayuda a bajar. Me hace acordar a la vida que llevan esos campesinos de San Javier que viven de lo que cosechan. Antes de volverme de nuevo a esta caótica Buenos Aires, a mi compa de hitchhiking y a mí nos invitaron a firmar su libro de visitas. Quizás volvamos. Por lo que al loco Caponi respecta, se le intuía tranquilidad, esa misma de que es dueña la gente que concibe la vida desde la perspectiva que da un oficio. O lo mismo, la gente del interior. El que alguna vez haya ido a Baradero sabe de lo que hablo.

José no dejaba de trabajar. De hecho, recapitulando, José nunca deja de trabajar. Nietzsche quedaría anonadado en comparación a este desdoblamiento de subjetividades, todo ello en pos de la construcción de una voluntad colectiva. No-constrictiva. Polimórfica: Los Incas es convergencia de voluntades [individuales] en-movimiento.

Lo ayudo a correr unos bustos de cemento para despejar el espacio. Todavía faltaban dos días para Enramada, y aunque a simple vista parecía que la mayor parte del trabajo ya estaba hecho y que, casi terminados los epígrafes y resuelto el cronograma de bandas, ciclo de poesía y montaje de obras, nada más quedaba por hacer, la verdad es que aún faltaban no pocos detalles por ultimar. Y es que por ahí, acaso en estos tiempos que corren y en los que parece que nos corren por todos lados, en el trabajo, en el bondi con la ira del chofer, otras personas que también vuelven de su laburo y que están del orto porque BUENOS AIRES, desde los medios, nuestro uso de las TIC en todas sus formas -viciadas-, la pérdida de sentido de pertenencia, de comunidad, la falta de demarcación entre la vida pública y privada -que admítase o no, nos afecta-; todo esto, quizás, nos esté distrayendo. Mermando. Debilitando. Decreciendo. Pero decreciendo, en el sentido estricto de la palabra, nuestra voluntad transformadora del mundo. NUESTRO mundo. Acá en Los Incas, sin embargo, la cosa es distinta. La construcción va desde y hacia lo colectivo.

Como en cada época, el arte siempre presupone un oficio -por no decir disciplina, que suena a materia práctica coptada por el mercado- que puede o no estar de moda. Quizás, mostrarse reticente a aquello en cierta medida implicaría un demérito para el artista ante la mirada de una determinada comunidad artística: mejor no te salgás del canon, pibe. Pero la realidad es que también aquello que la gente -o nosotros, los que yiramos de acá para allá, buscando algo que nos reconforte y nos arranque las vísceras, devolviéndonos el aliento por un rato-, aquello que llamamos under, quizás per se no sea más que una entidad intangible, ininteligible e incorpórea. Sólo alguien como Enoch Soames podría decir en un futuro remoto -o no tanto- si algo de lo que está pasando en la escena under local efectivamente vaya a trascender o no. Así y todo, el under es y no es. Bivalencia parmenídea, fuego etéreo spinetteano. Caos eterno que se recrea, se desecha y se recrea así mismo en elipsis.

Sin embargo -y retomando el eje de esta crónica, si es que en todo este manojo de ideas, digresiones y pulsiones desordenadas haya algún tipo de coherencia interna que les de sentido- Los Incas no podría distar más de la cultura mercantilizante del fast track: acá todavía no llegaron las “selfies”, ni hablar de la mediatización de toda la movida que se genera y la energía que atraviesa cada uno de los espacios. Fuerza transformadora. Fuerza re-productiva. Los Incas respira. Este es un lugar donde aún hay vida, donde pasan cosas, espacio en el que si hay encuentro también hay olor a hogar añejo, donde se trabaja duro y donde, al igual que en otros tantos espacios culturales, aún se emprenden, debaten y comparten proyectos a llevar adelante. Como en cualquier encuentro entre amigos. Entre birra, charlas entremezcladas, faso, joda y humareda se fueron. Se fueron entretejiendo los primeros ejes de esta hermosa experiencia que fue Enramada.

El colectivo

Monstruo incaico durmiente en el corazón de Belgrano, a simple vista cualquier miope en estado de distracción podría afirmar que este edificio es un lugar más, y así y todo no obstante omitiría todo lo que acá está sucediendo de nuevo y novedoso.  Este es el cuarto año consecutivo que se lleva adelante la muestra de arte colectivo en Los Incas, espacio en que a cada inauguración los alumnos de la Fundación Castex Siglo XXI dedican unas horas de su tiempo para mostrar los trabajos elaborados en el taller literario al que asisten durante el resto del año.

Todo esto sucedio mientras poco a poco iba llegando el público amigo, anónimo e itinerante, quien buscara explorar el espacio en cada una de sus aristas, acaso buscando respuesta ante el interrogante onírico que plantea el estilo arquitectónico del lugar. Y es que, a diferencia de otras inauguraciones, de esas a las que el público que suele frecuentar galerías de arte seguramente esté acostumbrado, la idea que a simple vista se trasluce de este colectivo es la de aunar propuestas bien distintas, pero que cristalizan a la luz de un mismo caleidoscopio: dos formas representacionales de la realidad parecen naufragar en diacronía vibrando a través de una misma lira, que es el espacio-sujeto-tiempo. Cada producción cuenta con sus propios universos discursivos, divergencias y bemoles, todos ellos elementos que, en mi opinión, coadyuvan a la apertura de hecho de aquello que Castaneda llama nuestra dimensión intelectiva y perceptual, ambas en un mismo punto nodal.  

Racconto

Así, en la muestra hubo fotografía, escultura, pintura y vernissage para grandes, adultos, pigmeos y chicos no tan chicos. Y otros que sí. También hubo lectura de poesía contemporánea, bandas de rock, solistas folk pop. Entre ellos Michelle Billet, Pablo B, Colourmaker, Flor Piedrabuena, Melina Alexia Varnavoglou, Juan Cruz Guido, Müllerandmyself y Pablo Aguirre.

Una vez que terminaron de tocar las bandas del día sábado, entre las cuales figuraran Cronogramas en Phantomas y Bis Serán, Dj pipa pasó algunos vinilos atemperando lo que de solemne, por antonomasia, toda muestra de arte tiene desde el vamos: y ciertamente, no podría ser de otra forma, dadas las horas, el trabajo y dedicación que implicó preparar esta muestra de arte colectivo, la misma que surgiera hace cuatro años a partir del encuentro de cuatro amigos del secundario.

Expusieron en esta muestra Se Xto Wn, Rö Heine Galli, Lihue Pumilla, Ramiro Smith, Ana Escallón, Jessica Jaimes, Ana Srezovic, Nicolás Romano, Sabrina Conde, Alex Müller, Mónica Taranto, Axel Caponi, Michele Melillo, Laura Rodríguez Russo, Jorge Passalia, Alexander Bustamante AB, Elena Ferri, Aldo Caponi, Martín Sternberg, Brau Mauro - Artlegria, Javier Calcaterra, Aníbal Garfunkel, Martín Figueroa, Susana Orden, Yamila Cartannilica, Santiago Fredes, Claudia Aranovich y José González.

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