Había una vez un jardín...

Por: María Florencia Rua Ilustración: Adara Sanchez Anguiano no sé hablar de cómo tu pulover y mis manos no inventé un si...


Por: María Florencia Rua
Ilustración: Adara Sanchez Anguiano


no sé hablar
de cómo tu pulover
y mis manos
no inventé un signo
que traduzca tu cuerpo
sin pronunciar el nombre
que empieza con F
y no termina nunca
ya no puedo escribir poemas
con la palabra herida
(¿no te parece adorable?)
ahora estoy adentro
de la herida
con H
y no me interesan
las camisas rayadas
ni los zapatos negros
voy a decir más:
incendié todas las cosas
que me regalaste
(la mayoría eran azules)
y a tu recuerdo de venir a verme
le puse el peor adjetivo
no sé llamar
lo que no existe
sin ser lo suficientemente
explícita u obscena
por ejemplo
esa mirada de mierda
cuando te estabas yendo
no entiendo cómo se concibe
el fracaso
tu manera dulce de dejarme
apenas puedo digerir
que te hayas ido
y es necesario aclarar
que no me importa
ahora escribo y voy a fiestas
para volver a casa y escribir
me gusta usar el vestido
oscuro
que me puse la primera vez
que me abrazaste
para salir con otros
no aprendí a pedir por favor
y todavía me despierto llorando
no tengo a quién pedirle
que me corrija los textos
y entonces me trago el error
y lo arrastro en la lengua
a veces paso por la puerta de tu casa
para no entrar
y me tiemblan las manos
me olvidé lo que me dijiste
el ocho de octubre
debí haberlo anotado
para prolongar la angustia
no sé cuándo
ni en dónde
empezamos a morir de veras
no sé cómo se termina un poema
con las manos vacías

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