Lisandro Aristimuño: Cambiar el Sol de lugar

Cambiar el Sol de lugar Por: Jéssica Signoretta No es novedad que el capital cultural musical argentino está en una etapa de auge...

Cambiar el Sol de lugar


Por: Jéssica Signoretta

No es novedad que el capital cultural musical argentino está en una etapa de auge poppero, en donde Babasónicos quedaron como los abuelos que aún tenemos y, (digámoslo: lastimosamente) Tan Biónica sigue liderando los ranking radiales. Pero en un mundo paralelo, con ayuda de la tecnología y los nuevos movimientos de comunicación, Argentina comenzó una era de cantautores folk que alivian, de alguna manera, la pérdida de íconos como Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati.

No. No es Abel Pintos. No apelamos a lo comercial, aunque Abel tenga sus dotes, sino a  algo más originario, algo con más tierra. Y acá llega desde Río Negro, Lisandro Aristimuño. Y no tampoco porque la implementación de violines por doquier en sus canciones, nos embelese, sino porque sus composiciones musicales tienen pasado, presente y futuro en los mismos minutos de duración de cada canción.

Aristimuño pasó las barreras de los géneros encasillados. Su base es un folk con criollas a más no poder, fusionándolas incluso con percusión autóctona arraigada de pueblos originarios. Pero al mismo tiempo tiene samplers, arreglos computarizados e infaltables eléctricas que generan que muevas tu lapicera al casillero de rock y pop.

Si se renueva el público, no está tan errado que las raíces se renueven de vez en cuando. Es imposible sacar del corazón aquel folclore con el que Argentina formó su identidad. No nos vamos a cansar nunca de cantar entre lagrimones Alfonsina y el mar o Camino del Indio, pero una nueva fusión del género, permite que las nuevas generaciones incursionen en él.

Por tanto le levantamos el dedito pulgar a Aristimuño, que además de devolverle la originalidad a la cultura popular, edita sus discos con su propia productora a la que llamó Viento Azul Discos. Lo virtuoso de apostar a una diversidad de sonidos democráticos es buscar experiencias que sigan el mismo camino de aquellxs que desde la década del 70, como mínimo, no dejamos de escuchar. Y que, parafraseando a Lisandro, es todo lo que tengo y es todo lo que hay. 

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