Cuento Corto

  Por: Anto Martinenghi  Ya venían dando vueltas en mi cabeza. No eran las palabras las que provocaban miedo, era el sentimiento que nunc...

 Por: Anto Martinenghi 

Ya venían dando vueltas en mi cabeza. No eran las palabras las que provocaban miedo, era el sentimiento que nunca antes había experimentado.  Sentía ganas irresistibles de decirlas, de compartirlas. Era extraño, ese deseo tan intenso de poner en palabras  lo que me pasaba y a la vez sentir que estaba recayendo en la gran falacia social de tener que rotular cada cosita que a uno le viene a la mente. Lo más alocado era que habían llegado un día así de la nada, estaba sola  y ¡pum!  Pensaba que se haría si no existieran, pero bueno,  seguro habría otras o quizás puramente acciones  ¿Quién sabe? El meollo de la cuestión era la reacción del receptor. Consideraba que seguramente era más fácil no disponer de ellas… seguro era más fácil con simples acciones.

Fue esa tarde del veinticuatro de diciembre que estábamos mirándonos, recobrando el aliento. El cosquilleo lentamente se apaciguaba y quedaba esa sensación de hechizo  que insiste con la continuidad del placer. Mi mano recorría su espalda y se resbalaba, las palabras  rumiaban por ahí. Mi mano recorría su espalda y se resbalaba, garabateaba cosas. Uno de mis dedos comenzó a escribir, t,  e,         espacio,        a, m…

“Te Amo”, salió de su boca impulsivamente. Siempre dude, pero estoy casi segura de que no interpretó mi jeroglífico en su espalda antes de decirlo, yo sólo quería demostrarlo con acciones.

“Yo también”.
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