Crítica Literaria: Mr Gwyn

Por Rocio Pelesson En el libro leído, titulado Mr Gwyn de Alessandro Baricco, el protagonista, quien es un escritor que decide alejarse d...

Por Rocio Pelesson

En el libro leído, titulado Mr Gwyn de Alessandro Baricco, el protagonista, quien es un escritor que decide alejarse de la escritura, dejar de producir, y reencontrarse consigo mismo, elije una alternativa bastante transgresora, vanguardista si se quiere decir, y decide comenzar a escribir retratos, luego de haberse inspirado en una galería de arte con ciertos retratos de personajes expuestos. El protagonista logra alquilar un estudio, realiza retratos de distintos tipos de personas, comenzando primero por la secretaria de su representante, y continuando con distintas personalidades muy diferentes entre sí, pero con una misma búsqueda: poder llegar a leerse a ellos mismos.

Es interesante el hecho de que el mismo personaje comienza primero escapándose de la demanda social yéndose a Granada, donde permanece dos meses, y vuelve con una incertidumbre extrañamente fuerte: qué pasará de allí en más. Logra primero parar, parar su cabeza, su cuerpo y sus responsabilidades. Y comienza a buscar una nueva perspectiva desde donde afrontar la vida, la forma de mirar a los seres humanos y la forma de extraer, al menos en lo posible, una pequeña parte de su alma. Se aleja de quienes lo reconocen, niega ser él mismo, como así también niega todo aquello que crea: lo único importante parece ser que su mirada sobre el mundo pueda llegar a causar una cierta conmoción, “sacudir” si se quiere decir unas cuantas almas, o por qué no, también sanarlas.

Impone una nueva forma de escribir, en donde comienza a retratar humanos, y no de forma literal, sino poéticamente.  Inventa una nueva manera de crear arte, de movilizar las mentes, y logra demostrar que no hace falta un espacio cómodo, una buena computadora o una costosa lapicera para poder crear: solamente hace falta un estudio iluminado, un cuerpo desnudo, y una buena melodía de fondo para que las ideas florezcan. Con un estilo particularmente poético, el mismo protagonista logra escribir como una especie de fragmento de una novela la descripción de estos mismos modelos, quienes posan para el, y se abren completamente. Es también una forma de reflejarse en ellos, quienes están en la búsqueda de lo nuevo, de lo transgresor, aquello que no es común. El mismo protagonista se ve en aquellas almas perdidas, que buscan algo distinto para sentir que su vida no fue perdida. Estos retratos, que tan vanguardistas son, parecen ser una forma de literatura personal, escritos con un fin explícito, pero al mismo tiempo, completamente mágico. Buscan superar todo lo bello, lo fantástico, lo mundano, para volverse fragmentos de otro mundo, no del todo aceptados, pero completamente eternos.

El misterio de Mr. Gwyn es algo cotidiano a lo largo de la narración. Quién es, qué busca y qué desea es algo que se va planteando progresivamente, siendo una forma de mantener este suspenso, una intriga que va creciendo y creciendo, sin nunca aclararse del todo. El mismo Jasper Gwyn elige ser una incógnita, se aísla de la sociedad contemporánea que tanto rechazo le da, para poder finalmente encontrar su verdadero yo, sin siquiera tener que dar ninguna explicación.

Este mismo discurso que el escritor escribe, estos retratos tan personales, parecen ser una forma de revelarse contra los textos verdaderos, aceptados por la sociedad, lo que Foucault llamaría a estos retratos “ruidos”, aquello que se debe tirar, que debe quedar afuera y no debería leerse: este mismo control personal lo lleva a crear cosas fuera de lo cotidiano, completamente únicas, con un estilo puramente romántico y sensibilista, erótico y despojado de todo prejuicio.

La novela se narra de una forma espontánea, completamente realista, si bien poética y un poco romántica al mismo tiempo. Las personalidades se muestran como románticas, liberales, llevadas por un deseo humano y surreal al mismo tiempo. Los diálogos nos dan una psicología bastante particular, y el mismo narrador, tercera persona heterodiegético, parece ser amigo de los personajes, los entiende y los acompaña en esta larga búsqueda de sí mismos

Y así como ellos pudieron, o al menos lo intentaron, el mismo lector logra replantearse, o al menos lo hice yo, si es realmente la vida que se quiere vivir, o por lo menos, el deseo que se quiere cumplir. Lo único necesario es saber encontrarse a sí mismo, a su propia existencia y finalmente, disfrutar el recorrido.

-----------------------------------------

Relacionado

Todo 4671866966411746254

Publicar un comentario

emo-but-icon

Seguinos

Lo más visto

Visitá También

.

Text Widget

Connect Us

item